Le imputan contratar a “una empresa de sicarios” para eliminar a su competencia

Cuatro personas fueron imputadas con prisión preventiva por el intento de asesinato del competidor comercial de un empresario que, por 500.000 pesos, contrató a «una empresa de sicarios» comandada por un preso para cometer el crimen, en la ciudad santafesina de Rosario, informaron fuentes judiciales.

Los acusados son un empresario rosarino del rubro de suplementos dietarios, su contacto con los sicarios, el detenido que lideraba el plan desde la cárcel y quien intentó sin suerte ejecutarlo.

El objetivo del plan criminal era otro empresario, identificado como Mauricio L., a quienes los fiscales del caso, Luis Schiappa Pietra y Matías Edery, le salvaron la vida al advertirlo un día antes de que se llevara a cabo.

Dos de los acusados ya habían sido imputados el viernes último por el crimen por encargo de Nicolás «Fino» Ocampo, lugarteniente de un narco rosarino que está detenido, tarea por la que percibieron 370.000 pesos, indicaron voceros del caso.

Los fiscales acusaron hoy durante una audiencia al dueño del laboratorio Nutrilab, Lucas Farrugia (36), de la tentativa de homicidio de su competidor en el rubro –suplementos dietarios y nutricionales-, Mauricio L., cuyo comercio fue baleado el 21 de abril.

De acuerdo a la investigación, Farrugia se contactó con un hombre que trabaja en una empresa de catering de esta ciudad, Germán Ponce, quien articuló su pedido de matar a su competidor con los organizadores del plan.

En ese plano los fiscales ubicaron a Fabio Giménez, un hombre que cumple condena en la Unidad Penal 3 de Rosario, quien según Edery comanda «una empresa de sicarios que se contrata -quien tiene la plata para hacerlo- para que maten gente».

Los fiscales indicaron que Giménez –acusado la semana pasada como organizador del crimen de Ocampo- pergeñó el plan desde la cárcel y contrató a un joven llamado Uriel Reynoso, quien fue detenido tras balear el comercio de Mauricio L., el 21 de abril.

Reynoso, al igual que Giménez, está acusado de participar del crimen del «Fino» Ocampo, asesinado el 16 de abril en la puerta de su casa tras cumplir una condena como miembro de la banda del narco Esteban Lindor Alvarado.

El teléfono que Giménez utilizaba desde la cárcel para supuestamente organizar los asesinatos por los que cobraba y pagaba a jóvenes sicarios estaba intervenido por la Justicia Federal, que lo escuchaba por considerarlo vendedor de drogas a través de cómplices que están en libertad.

Según los fiscales, tras fallar el 21 de abril, el grupo tenía previsto asesinar a un hermano de Mauricio L. para luego matarlo a él «en el velorio».

«Hubo una tarea frenética para descubrir a quién querían matar porque había una fecha: el lunes 10 de mayo lo iban a hacer. Por suerte pudimos dar con esta persona, porque ya habían atentado contra su vida», dijo Edery en rueda de prensa tras la audiencia.

Su colega Schiappa Pietra agregó que «en este caso es una persona que quiere eliminar a su competencia comercial con este grupo de sicarios».

De las escuchas surgió que negociaban un monto de 500.000 pesos, de los cuales Farruggia había pagado a través de Ponce –que era el intermediario- unos 100.000 al preso Giménez porque «decía que tenían muchos gastos de movilidad».

Los restantes 400.000 se iban a cancelar una vez cumplida la tarea, que consistía en matar al competidor comercial, que había sido empleado de Nutrilab y luego inició un emprendimiento del mismo rubro por su cuenta, detallaron las fuentes.

Farrugia fue imputado como instigador del intento de asesinato de su competidor, al igual que el recluso Giménez, mientras que a Ponce lo acusaron de partícipe primario y a Reynoso en calidad de autor, precisaron fuentes judiciales.


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