Dos estibadores fueron imputados por una emboscada mortal sobre la ruta 21

Julio V., de 23 años, quedó detenido con prisión preventiva por 30 días. Su padre José Luis, de 45, sigue en libertad por problemas de salud

Dos estibadores de la empresa Cargill en Alvear quedaron imputados como coautores del ataque a tiros a dos empleados que fueron emboscados en un cruce de rutas al salir de la planta el 4 de noviembre pasado. El acompañante, de 30 años, murió de un tiro en el cuello y el conductor sigue internado en estado crítico con siete balazos. Un testigo de identidad reservada atribuyó los disparos a una venganza por otro asesinato y señaló a los acusados, padre e hijo, que guardaban dos pistolas en su casa de Pueblo Esther.

Las cámaras de video de la terminal portuaria detectaron que ese día fueron a trabajar en vehículos similares a los usados en el atentado. Si bien quedaron implicados en un delito que prevé perpetua, un juez le otorgó al hijo 30 días de prisión preventiva —plazo tras el cual podrá revisarse la evidencia— y dejó al padre libre por problemas de salud.

Así cerró la audiencia imputativa celebrada ayer contra los estibadores Julio V., de 23 años, y su padre José Luis, de 45. Fueron acusados como coautores de un homicidio consumado y otro en tentativa, ambos delitos calificados por “la participación premeditada de dos o más personas”.

Padre e hijo negaron la acusación. “No veo el color de esa camioneta. Me parece que esa chata lleva algo cargado atrás”, dijo José Luis tras observar varias veces una filmación del ataque, dando a entender que el vehículo del que partieron los disparos no sería su camioneta Ford Ranger gris sino una blanca.

Imágenes

El ataque ocurrió el pasado sábado 4 cerca de las 17.30. A esa hora Diego “Puchi” F., de 34 años y empleado de la maltería contigua a la terminal portuaria, volvía de compartir un asado con compañeros de trabajo en Arroyo Seco. Al volante de su Renault Sandero azul oscuro, llevaba sus hijas de 7 y 8 años que habían ido con él al almuerzo. En el asiento del acompañante iba Ramón Gómez, un compañero de trabajo al que se ofreció a acercar a su casa.

En el camino la Sandero se desvió hasta a la entrada de Cargill Punta Alvear donde bajó otro compañero de trabajo que volvía del asado y había dejado su moto en el estacionamiento de la empresa. Esos movimientos quedaron registrados en las cámaras de la planta que muestran al auto retirándose por el camino a Cargill que desemboca en la ruta 21 y enseguida se plegó por detrás una Ford Ranger blanca. La camioneta recorrió unos tres mil metros casi pegada al Sandero hasta llegar al cruce de rutas.

Según se ve en la filmación, en el semáforo de la ruta 21 aguardaba un Fiat Siena rojo. Según la fiscal Marisol Fabbro, ese auto hizo de tapón y forzó a Flores a detenerse. En ese momento de intenso tránsito sobre la ruta, la camioneta que lo perseguía se le puso a la par. De allí, a las 17.33, partió la ráfaga de disparos. Luego la Ranger se esfumó hacia el sur en dirección a Pueblo Esther. El auto rojo esperó unos segundos y avanzó hacia el norte rumbo a Villa Gobernador Gálvez.

El Sandero quedó estático en la ruta con el conductor gravemente herido y el acompañante muerto. Las hijas de Flores, ilesas, comenzaron a gritar desesperadas que les habían tirado desde una camioneta blanca y una mujer se acercó a tratar de consolarlas.

Gómez falleció por un balazo en el cuello que le provocó una hemorragia letal y Flores recibió siete impactos. Lo trasladaron primero al hospital Provincial y luego al Sanatorio Parque. El domingo a la noche lo operaron para extraerle un proyectil cercano a la médula.

Los médicos les dijeron a sus familiares que hay que esperar la evolución porque habría quedado hemipléjico del lado izquierdo. Y que si bien se encuentra estable, es un paciente crítico con fracturas en la cuarta y quinta vértebras. Le quitaron el respirador y pudo comunicarse con los suyos. “¡Me mataron a mis hijas!”, fue lo primero que dijo, además de preguntar por su compañero de trabajo.

La fiscal considera que José Luis V. manejaba la camioneta y “desde el interior efectuó múltiples disparos contra Flores y Gómez”. En tanto, al hijo lo acusó de haber ido como acompañante en el Fiat que participó de la emboscada, cuyo conductor hasta ayer no estaba identificado.

Testigo

Uno de los primeros en llegar a la escena fue Carlos, el empleado de Cargill que había bajado a retirar su moto en la planta. Les contó a los policías que volvían de un asado del Sindicato de Malteros y si bien aventuró que el ataque habría estado dirigido al conductor, en ese momento se desconocía el posible móvil.

Pero esa pista llegó de parte de un testigo que, por temor, declaró en Fiscalía bajo reserva de identidad. “Me contaron que fue una venganza. Hace varios años Diego Flores mató a Roberto “Patito” Velázquez pero, según me dijeron, nunca fue detenido ni nada. Los hermanos de Patito se querían vengar. Yo supe que en la empresa hay muchas cámaras que podrían haber captado el hecho y además hay familiares de Patito que trabajan en Cargill”, añadió.

Ex convicto de 32 años, Patito fue asesinado el 10 de julio de 2012 en Villa Gobernador Gálvez. A las 20.30 de ese día dos hombres llegaron en una moto a su casa de San Lorenzo al 2200 donde vivía con su pareja y su bebé de un año y medio. Tocaron a la puerta y les abrió Liliana, la concubina de Patito, que los conocía.

Uno de ellos, conocido como “Gordo”, se quedó en el rodado mientras que “Chino” entró a la casa. Velázquez lo recibió con su bebé en brazos y el agresor le disparó tres balazos al pecho con un arma calibre 9 milímetros. Otro proyectil perforó la mandíbula del bebé, que fue asistido en el hospital Gamen.

Allanamiento

El sábado la Policía de Investigaciones (PDI) allanó la casa de los V. en Eva Perón al 1500 de Pueblo Esther. Se encontraron dos pistolas Bersa: una 9 milímetros con cargador y cartuchos y una calibre 45 dorada y negra con seis cartuchos, uno percutado, además de cajas con cartuchos de punta hueca.

Las sospechas contra los estibadores se completaron con el detalle de las cámaras de Cargill que captaron la llegada a las 12.58 de José Luis en una Ford Ranger que dejó en el frente. Luego caminó hasta el sector de estiba donde trabaja, al igual que su hijo, para la contratista Alveamar. A las 17. 29 se lo ve salir en un remís Siena rojo —su hijo había llegado a trabajar en ese vehículo al mediodía— que lo acercó desde el puerto a la entrada, donde se subió a su camioneta. El jefe de Seguridad y un vigilador de la empresa ratificaron lo registrado: “El tipo de camioneta usada por el agresor es la misma del empleado José Luis V.”.

En la audiencia, presenciada por familiares de las víctimas y de los detenidos, los acusados observaron atentos la filmación del ataque. Luego declararon. El padre, que convive con seis hijos de 3 a 23 años, admitió que ese día fue a trabajar en su camioneta y se retiró a las 17.30. Con cierta dificultad expresiva, dio a entender que el rodado que participa de la emboscada no sería el suyo. “Hace más de un año que no se disparan esas armas”, dijo sobre las pistolas secuestradas en su casa.

La defensora pública María Laura Maenza cuestionó la imputación y la prueba que les endilgan a sus defendidos. Finalmente el juez Carlos Leiva dispuso que el padre siga libre por ser paciente cardíaco y diabético, aunque deberá presentarse dos veces por semana en la Oficina de Gestión Judicial. Tiene prohibido por el momento reanudar su actividad laboral. El hijo quedó en prisión preventiva por 30 días mientras avanza la pesquisa. Cumplido ese plazo podrá revisarse su situación si la fiscal pide prorrogar la detención.

Fuente: La Capital


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